Paseo Ford T

Paseo Ford T

El sábado 16 de Marzo se realizó el tradicional paseo Ford T, organizado por un grupo de entusiastas, todos miembros del Club de Automóviles Antiguos de Chile, liderados por el muy querido amigo, Jaime Torrent.

La partida se realizó desde el Museo JEDIMAR, San Francisco de Borja 1240, Estación Central, a las  10:00  horas, con un desayuno de camaradería y posteriormente con la salida con destino a la casa de los Schneider en Peñaflor, lugar en que fueron recibidos con un excelente asado.

Se juntaron alrededor de 30 autos, todos Ford T, y algunos “Ancianos”.

Fue increíble ver a todos esos Ford T, ¡los habían de todos los modelos y sabores! Iba a decir colores, pero obviamente no viene al caso… jajaja como dijo Mr. Ford, “Any color as long as it is black”.

A mí personalmente no me apasionan tanto las burras, y eso tiene que ver con que trato de usar mis autos lo más posible, y seguro si saliera en una burra a dejar a los niños al colegio van a llegarían atrasados y lo último que quiero es tener problemas con mi ex… Pero me llena de curiosidad el tema de los T, y el fanatismo que vi alrededor de ellos.

También me llamó mucho la atención lo diferente que eran los dueños entre sí y realmente me impresionó la baquet del hijo del hijo de Marcelo Moreno, un cabro de menos de 30 años ¡que la fabricó con sus propias manos!, quien como arquitecto la restauró con un gusto exquisito. El auto le quedó fascinante; en fin, me dediqué a mirar los autos, a los dueños y acompañantes y no logré entender nada… por lo que, en un chispazo de inteligencia, me atreví a preguntar y me fui a hablar con mi Jaime Torrent y le dije,  ¿cómo #$%## fuiste a juntar tantos autos y tanta gente distinta, cuál puede ser el atractivo?

Me miró para abajo, (ojo, que yo mido 1.87) y con la buena voluntad que caracteriza a Jaime me empezó a educar…

Resulta que el auto en cuestión no es un auto, o al menos eso fue lo que reclamó Henry Ford para no tener que pagarle al abogado que patentó el invento. Uno de los mayores argumentos fue que se manejaba de forma distinta, así es, ni los pedales, ni los cambios, ni el acelerador está en los lugares que nosotros estamos acostumbrados. Tiene tres pedales, pero el que nosotros conocemos como freno es la marcha atrás, no tiene embrague ni palanca de cambios, en pedal del embrague es el cambio, a fondo es primera, a medio recorrido es neutro y totalmente afuera es directa y hay que coordinar todo esto con el acelerador, que está en el volante, en una palanca, parecida al señalizador, pero al lado derecho y todo esto sumado a que no tiene bomba de bencina (en las subidas se puede quedar sin combustible), ni bomba de agua, ni no sé qué más… todo eso hace que el que maneja tenga que lograr una perfecta sincronía con la máquina, porque si no lo hace, ¡no se llega a destino! y lograr ese dominio con la máquina lo hace extremadamente atractivo, casi adictivo diría yo, por la cara de todos los conductores que vi ese día cuando me ubiqué a la salida del museo a hacer unas fotos mientras los autos iban pasado, uno a uno, frente a mí.

 

Cuando pasó el último, me dirigí a mi auto “moderno”, que tenía estacionado dentro del museo, al costado de la entrada y me subí al confortable asiento de cuero, que regulé eléctricamente, me puse el cinturón y encendí el auto, e inmediatamente empezó a funcionar la calefacción ya que el climatizado estaba en 21 grados y la cosa en cuestión encontró que hacía frío. Puse el cambio en directa y moví el volante, asistido hidráulicamente, y avancé lentamente hacia la salida; al llegar a la puerta apenas toqué el freno y el auto se detuvo sin ningún esfuerzo gracias a los enormes frenos de disco en la cuatro ruedas y el ABS y mientras esperaba que pasaran unos buses algo me salió del alma…….quiero un “T” por la mierd…..!!!!

Martín Durruty Marzo 16, 2019